Día Internacional del Trabajo - Mensaje Episcopal
DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO
 
TRABAJO DECENTE, EMPLEO DIGNO Y DESARROLLO
HUMANO INTEGRAL
 
A todos los trabajadores y trabajadoras que gozan de un empleo estable y digno, a los que han logrado montar su propia empresa, a tantos hombres y mujeres que tratan de subsistir en trabajos informales, a los temporales, a todos los que buscan incansablemente una fuente de subsistencia honrada sin encontrar hasta el momento un empleo adecuado; la paz y la esperanza de Jesucristo Resucitado y liberador esté con ustedes.
 
Nos encontramos ante una preocupante paradoja que forma parte de tantos cuestionamientos que debemos hacerle al fenómeno de la globalización fundamentada en la dimensión económica “cuya dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas la relaciones humanas”.[1] ¿Porqué a pesar de un buen promedio de crecimiento económico que hemos tenido en estos últimos años, los índices de pobreza no disminuyen notablemente, como tampoco se reduce significativamente la tasa de desempleo? ¿Cómo explicar que baja la tasa de desempleo pero aumenta el número de desempleados? Con razón alguno decía que las estadísticas ocultan a las personas de carne y hueso. Muchas respuestas técnicas se pueden dar, pero lo que nos debe importar son los rostros sufrientes de jóvenes que por falta de una adecuada educación ven limitadas sus aspiraciones profesionales, los rostros sufrientes de tantos hermanos y hermanas nuestras que se ven sometidos “a la precariedad de las condiciones de empleo y a la presión constante de la subcontratación, lo que trae consigo salarios más bajos y desprotección en el campo de la seguridad social, no permitiendo a muchos el desarrollo de una vida digna. En este contexto, los sindicatos pierden la posibilidad de defender los derechos de los trabajadores. Tanto recurso humano, profesionales calificados, investigadores que se ven obligados a emigrar en búsqueda de mejores oportunidades. Tantos colombianos y colombianas emigrantes indocumentadas, explotados laboralmente hasta llegar a condiciones de verdadera esclavitud”.[2]
 
Podemos afirmar de nuevo con los Obispos de América Latina reunidos en la V Conferencia General en Aparecida (Brasil) en mayo del año pasado:
“Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes”, “desechables”.[3] En eso se convierten aquellos que mendigan diariamente un trabajo hasta que pierden su misma dignidad.
 
Trabajo decente, empleo digno y desarrollo humano integral y sostenible, están íntimamente ligados hasta el punto que, en tanto el país entrará en una auténtica dinámica de desarrollo en cuanto pueda llegar a encontrar caminos adecuados para superar progresivamente el fenómeno del desempleo y del subempleo mejorando integralmente las condiciones de empleo y convirtiendo, por tanto, este aspecto en eje fundamental de la política económica que no puede buscar solo la creación de riqueza y la acumulación de bienes y servicios sino más bien que ellos se orienten al desarrollo integral de “todo el hombre y de todos los hombres” como lo afirmaba hace ya cuarenta años largos el Papa Paulo VI en su Encíclica Populorum Progressio – el Progreso de los pueblos”.[4] Nos encontramos ante la dimensión ética del desarrollo dentro de cuyo marco conceptual y operativo, el TRABAJO, viene a ser la clave de la cuestión social.[5]
 
Trabajo decente es el término que acuñó la O.I.T. y se refiere no solo a la remuneración del empleo sino mas que todo a las garantías de seguridad social, a la eliminación de los riesgos de inactividad, de despido, de edad, a la capacitación laboral y reubicación, etc.
 
El trabajo decente debe relacionarse con el empleo de calidad cuyo contenido contradice lógicamente las políticas de flexibilización de las normas laborales y la tercerización que lleva hasta el traslado de la misma contratación a entidades supuestamente identificadas como cooperativas de trabajo asociado.
 
El trabajo decente debe relacionarse con el mismo ejercicio de las libertades como eliminación de todo aquello que se opone a la realización auténtica de la persona en la sociedad. En este sentido el trabajo decente articula el desarrollo con el mismo sistema democrático hasta tal punto que se impone como requisito la construcción de un nuevo contrato social basado en el TRABAJO.
 
Permítanos terminar con un himno de alabanza a Dios “porque en la belleza de la creación, que es obra de sus manos, resplandece el sentido del trabajo como participación de su tarea creadora y como servicio a los hermanos y hermanas. Jesús, el carpintero (Cf Mc. 6,3), dignificó el trabajo y al trabajador y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”, por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos. El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre, es probablemente “la  clave  esencial de  toda  la cuestión social”. [6]
 
“Damos gracias a Dios porque su palabra nos enseña que, a pesar de la fatiga que muchas veces acompaña al trabajo, el cristiano sabe que éste, unido a la oración, sirve no sólo al progreso terreno, sino también a la santificación personal y a la construcción del Reino de Dios. El desempleo, la injusta remuneración del trabajo y el vivir sin querer trabajar son contrarios al designio de Dios. El discípulo y el misionero, respondiendo a este designio, promueven la dignidad del trabajador y del trabajo, el justo reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, desarrollan la cultura del trabajo y denuncian toda injusticia”.[7]  
 
Que Jesucristo el trabajador incansable de Nazaret y del Reino de Dios acompañe siempre a sus hijas e hijos predilectos los trabajadores y los anime en su lucha por un trabajo decente y un empleo digno.
 
 
 
 
 
JAIME PRIETO AMAYA
Obispo de Barrancabermeja


[1] V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe – Aparecida – Brasil, Mayo 2007. Documento conclusivo. n. 61
[2] Cfr. Ibid. n.n. 71, 73
[3] Cfr. Ibíd. N. 65
[4] Paulo VI Populorum Progressio. Marzo 16 1967 n.
[5] Juan Pablo II Laborem exercens. Septiembre 14 de 1981 n. 3
[6] Cfr. V Conferencia General. o.c. n. 120
[7] Cfr. Ibíd.. n. 121
 
 


 
Ingreso Usuarios
LES DAMOS LA BIENVENIDA A NUESTRA COMUNIDAD MISIONERA VIRTUAL